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dissabte, 7 d’octubre de 2000

Otoño caliente

¡Toma ya! Nadie lo había anunciado pero de repente nos encontramos en medio de “un otoño caliente”. Cuando el Partido Popular lleva 4 años y medio en el gobierno padece un grado de contestación social similar al que padeció el PSOE. Evidentemente no es el “14-D” (fecha de la huelga general de 1988) del Partido Popular pero tiene elementos similares.
En el año 2000, como ocurría en el año 1988, nos encontramos inmersos en una fase de crecimiento económico sostenido, no existe inestabilidad política (el gobierno tiene mayoría), el empleo aunque de forma más ralentizada esta creciendo y el paro esta bajando.
Parecería que vivimos en el mejor de los mundos, que “España va bien” pero a pesar de todo ello tenemos un otoño caliente, muy caliente. ¿Que ha encendido esta hoguera? ¿El precio del gas-oil? No solo eso. La subida del gas-oil es la chispa pero no el único motivo. La razón última de esas movilizaciones hay que buscarlas en un malestar difuso de una parte de la ciudadanía y no solo de los sectores que se han visto afectados.
¿Cómo se explicaría sino el grado de simpatía que tienen esas movilizaciones, a pesar de las molestias que padecemos la mayoría de la ciudadanía (desabastecimiento de gasolineras, mercados o embotellamientos)?
¿Cómo se explicaría sino la solidaridad que despiertan las desproporcionadas cargas de la Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra, sobre las personas que se movilizan que es similar, en intensidad, al rechazo que generan quienes las ordenan?,
Por un momento, piensen si ese sentimiento seria posible ante una huelga de los pilotos de Iberia, que también produce perjuicios sobre una minoría de la ciudadanía, la que va en avión.
El Partido Popular se presentó como el abanderado de los empresarios pequeños y grandes empresarios y han gobernado, conjuntamente con CiU, haciendo una fingida y aparatosa ostentación de su preocupación por ellos, por eso resulta muy significativo que estas movilizaciones las protagonizan los pequeños empresarios y autónomos, los pescadores, los agricultores, los transportistas, los taxistas y los comerciantes en lugar de los trabajadores asalariados y los empleados públicos.
Esos sectores no han recibido tampoco los beneficios cuando el “España va bien” y ahora que, sin ser una situación catastrófica, ya no se atreven a decirlo porque aparecen los primeros nubarrones (inflación, hipotecas, subida de los carburantes, ralentización del crecimiento del empleo) reciben un impacto brutal en sus economías domesticas.
Si tampoco han gobernado a favor de ellos, ¿A quien ha beneficiado con su acción gobierno? A sus amigos y a los más poderosos.
Que en Catalunya el conflicto este siendo más caliente, no es debido a una perdida del “seny català” sino a todo lo contrario. La mayor capacidad representativa de las direcciones de los sectores, y la conciencia de que debido a la mayoría absoluta y el apoyo mutuo que se dan CiU y el PP, hace tomar conciencia de que la modificación de la prepotente posición de Aznar será más dura. Este gobierno siempre se muestra sumiso con los poderosos y prepotente con las más débiles.
La insuficiencia de los acuerdos alcanzados con unos negociadores, poco representativos de la realidad de los sectores en conflicto, lejos de resolver el problema produce una mayor acumulación de la contestación social. Aunque en algunos casos consiga la desmovilización momentánea, los conflictos que no se resuelven afloran más tarde y con mayor virulencia.
Cuando la cerrazón política impide aceptar las propuestas constructivas de la oposición, como las que ha plateado el PSOE en el Congreso, y se rechaza el dialogo social y político, como hace Aznar, los problemas de la sociedad se acaban dirimiendo mediante conflictos sociales.
La historia nos enseña que los más duros se producen en las épocas de penuria económica extrema o de bonanza económica. No es de extrañar que podamos asistir a un “otoño caliente”.
Article publicat a la resvista AQUI

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